INTERNACIONALIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR: UNA ESTRATEGIA EN LA AGENDA DEL RELANZAMIENTO DE LA UNIVERSIDAD (2 de 2)

Sábado, 28 Mayo 2016 01:33 Visto 1593 veces
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Estos planteamientos son fundamentales en la política de relanzamiento institucional, que está ejecutando la Universidad el cual pone énfasis a la reorientación del plan estratégico, la redefinición de la normativa institucional y del diseño del plan de mejora de los procesos organizacionales; estrategias de mejora de la calidad de la enseñanza de los servicios, plan operativo plurianual, y el plan Decenal.

Se plantea una redefinición del modelo educativo de la uni­versidad (UASD) “espacio don­de la calidad del valor social de los conocimientos que adquie­re niveles de intencionalidad, los cuales se presentan como un principio en la tarea de for­mación y de desarrollo institu­cional; el eje de su cambio ins­titucional se ubica en la orien­tación de su proceso educati­vo y en el perfil de la academia que debe responder a los retos que plantea el actual proceso de desarrollo científico tecnoló­gico e informático, así como el proceso de la transición demo­crática y el desarrollo sustenta­ble, en la perspectiva de la cons­trucción de una sociedad me­nos excluyente y más solidaria.

En este contexto, se afirma de manera brillante que mien­tras, “los estados tienen fronte­ras, el conocimiento tiene hori­zontes. Cada vez más los cientí­ficos forman parte de la acade­mia mundial, constituida por la multitud de redes que utilizan el ciberespacio como medio de comunicación. La emergencia de un conocimiento sin fronteras y de la sociedad de la informa­ción, en un mundo cada vez más globalizado, que conlleva desa­fíos inéditos para la educación superior contemporánea (Tur­nnermann, 2003), sostiene so­bre este aspecto que la inter­nacionalización de la educación superior contribuye a la calidad de la educación lo cual coinci­de con lo sustentado en lo plan­teado por la UNESCO que abo­ga por el derecho a la educa­ción a lo largo de toda la vida”.

Sobre el particular “el docu­mento de Política para el Cam­bio y el Desarrollo de la Educa­ción Superior en el 1995, que la UNESCO elaboro como brújula intelectual para el proceso de preparación de la conferencia mundial sobre educación su­perior, plantea que la interna­cionalización cada vez mayor es el primer lugar, y ante todo, el reflejo del carácter mundial del aprendizaje mundial y de la investigación, que se va for­taleciendo gracias a los proce­sos de la integración económi­ca y política, por la necesidad cada vez mayor de compre­sión intercultural y por la natu­raleza mundial de las comuni­caciones moderna, los merca­dos de consumidores actuales, etcétera.” (Turnnermann.2013)

En el proceso de redefini­ción del modelo educativo de la universidad se asume la in­ternacionalización de la educa­ción superior como un desafío y como un componente consus­tancial de su quehacer institu­cional. En política de coopera­ción internacional, la universi­dad no parte de cero, puesto que desde los años setenta del pasado siglo, la institución vie­ne desarrollando políticas de intercambio y acuerdos nacio­nales, regionales e internacio­nales en el ámbito de la docen­cia, la investigación y la exten­sión, con la limitante de que este proceso no ha estado acompa­ñado en lo fundamental de una clara política de seguimiento y de continuidad. Igualmente, ha habido limitaciones en las es­trategias de difusión y divulga­ción. La realidad actual, carac­terizada por la emergencia de la sociedad del conocimiento y de la información, le plantea a la universidad la necesidad de redefinir la política de coopera­ción, intercambio de experien­cias de acuerdo interinstitucio­nales en el contexto del enfo­que de la cooperación acadé­mica horizontal, que tiene sus fundamentos axiológicos en los principios del Movimiento de Córdova, en el Movimiento Re­novador, y en los acuerdos de la Conferencia Mundial de Educa­ción Superior celebrada en Paris en 1998, que trazó las nuevas lí­neas de acción para el Siglo XXI.

Al respecto Manuel Castells: afirma que “en los momentos actuales al parecer por el mo­mento, no hay otro remedio que navegar en las escarpa­das aguas globales….por eso es esencial, que para esa na­vegación ineludible y poten­cialmente creadora, hay con­tar con una brújula y un ancla. La brújula: la educación, infor­mación, conocimiento, tanto a nivel individual como colectivo. El ancla: nuestras identidades. Saber quiénes somos y de dón­de venimos para no perdernos a dónde vamos.”(Carmona.2012) afirma que ‘’la perspectiva de la internalización de la educación superior asumida en este tex­to, es una respuesta construi­da por los universitarios fren­te a los efectos homogenei­zadores y desnacionalizado­res de la globalización”. Tam­bién sostiene que “es un re­curso educativo para formar ciudadanos críticos y prepara­dos para un buen desempeño en un contexto globalizado”.

En el ámbito internacional de la educación superior es “nece­sario seguir insistiendo en de­sarrollar una agenda de globali­zación con formas de inclusión inteligentes, que tenga como fin la democracia global. Es nece­sario auspiciar debates acerca de la necesaria defensa de la educación como bien público global, donde tenga cabida la construcción de ciudadanía (na­cional y global) y no solamen­te la enseñanza de competen­cias técnicas. Todo esto con el fin de que la corriente del co­mercio de servicios se supedi­te a los valores del bien públi­co global y no al revés. Esto de­be hacerse con mucha premu­ra, pues existen muchos ries­gos aunque también muchas oportunidades asociados con esta temática (Knight, 2004), y el mayor riesgo es dejar que se impongan las opciones no deseadas”. (Guadilla. 2005)

Desde una perspectiva de cooperación horizontal, hay que reiterar que la educación supe­rior debe entenderse y asumir­se, como un bien público y co­mo un derecho humano, dentro de una concepción de lo edu­cativo dirigida a lograr un de­sarrollo socialmente sustenta­ble, más equilibrado y con ma­yor equidad entre los pueblos y dentro de ellos. Se plantea una educación superior comprome­tida con la formación de un su­jeto responsable, capaz y vin­culado con el bien común a ni­vel local, regional y global. Es­tos planteamientos deberán ser fundamentales para la po­lítica de relanzamiento institu­cional que la universidad es­tá ejecutando en esta segun­da década del presente siglo.

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