Monday 26 de June de 2017, Santo Domingo, República Dominicana

Apuntes sobre crítica de arte

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Por Victor Angel Cuello

La crítica de arte es el aná­lisis y juicio de valor por la que son emitidas las obras de ar­te que, en el límite, reconocen y definen los productos artís­ticos como tales. Esta abarca la interpretación, el juicio, la evaluación y el gusto. La críti­ca de arte en este sentido es­pecífico surge en el siglo XVIII, en un entorno caracterizado por los salones artísticos y li­terarios, acompañando las ex­posiciones periódicas, la apa­rición de un público y el desa­rrollo de la prensa. Los escri­tos del filósofo y escritor fran­cés Denis Diderot (1713-1784) ejemplifican la manera de ac­tuar de la crítica de arte espe­cializada, que se sujeta en for­mulaciones teórico-filosóficas, aunque trae la identificación del comentario hecho en el ca­lor del momento sobre la pro­ducción que se presenta ante los ojos del espectador.

La historia del arte abarca la historia de la crítica, de los es­tudios y tratados que emiten instrucciones teóricas, criticas e históricas sobre los produc­tos artísticos Los primeros es­critos sobre arte se remiten a la antigüedad griega. Biogra­fías de artistas (como Duride di Samo, siglo IV a C.), los trata­dos técnicos sobre escultura y pintura, de Senocrate di Sicio­ne y Antigono di Caristo, del si­glo III a C., a los cuales se jun­ta, en la época romana, el tra­tado de arquitectura de Vitru­vio, De Architectura, y “guías” artísticas (como Pausaniam, si­glo II a C.) están entre los pri­meros textos dedicados al ar­te. En este contexto, el pen­samiento estético de Platón y Aristóteles plantean problemas fundamentales sobre el queha­cer artístico, el tema de la fan­tasía (o imaginación creadora), del placer estético, de lo bello y de la imitación de la natura­leza (mimesis).

La crítica del arte está defi­nida por su función, desde su origen: la formación de opi­nión en la esfera pública con­formada por los ciudadanos burgueses en los Estados mo­dernos, donde fue decisiva la generación del consenso so­bre nuevas experiencias esté­ticas, estilos formales e icono­logías que garantizaran la ad­hesión de los sujetos a la co­munidad mediante gustos y valores compartidos. En tan­to su objeto es siempre la ac­tualidad, se encarga de des­cribir, interpretar y valorar lo que es pertinente, de reinter­pretar lo que todavía es recu­perable y de descartar lo que ya es inapropiado. En pala­bras del poeta, crítico de ar­te y traductor francés Charles Baudelaire, ha de ser una toma de partido “parcial, apasiona­da y política”, comprometida con la construcción del pre­sente.

El éxito del arte moder­no y contemporáneo, con sus sucesivas rupturas y alterna­tivas novedosas, está indiso­lublemente vinculado a la crí­tica que apuesta por los nue­vos movimientos, tendencias y propuestas, convirtiendo la crítica profesional, en un fac­tor importante de la sociedad moderna y un instrumento cul­tural sumamente necesario.

Una crítica ecuánime sirve de orientación a los unos, de perfeccionamiento y supera­ción a los otros. No hay nada más detestable que una crítica mendaz, adulona o denigran­te. Lo uno es tan reprobable como lo otro. El crítico apto y sincero observa, reconoce, va­lora, opina, y a veces encauza corrientes de comprensión, pe­ro no pontifica ni enjuicia. Ex­presa sin rodeos lo que ve, lo que oye y siente, con el crite­rio recomendado por el poeta, novelista, dramaturgo y cientí­fico alemán von Goethe, el de no tomar mezquinamente la pin­celada de un pintor o la pala­bra de un poeta. Una obra de arte, añade, concebida con es­píritu libre y audaz, hemos de contemplar, posiblemente, con análogo goce y parecida pre­disposición espiritual.

El crítico honrado y capaz puede servir, asimismo, como intermediario desinteresado entre la produc­ción y el consumo del arte. En cambio cuando el crítico es un inepto, y carente de persona­lidad, se trueca en el criticas­tro. Abusando del poder de la prensa para expresar sus mal­humores, sobreponer su amor propio a la obra que ha de so­meter a su examen, supliendo su ignorancia con argumentos jactanciosos y mixtificadores. Sin embargo, el arte autenti­co, potencialmente emanado, se sobrepone a las adversida­des de la crítica malsana, como también a las galerías monopo­lizadoras del mercado.

Es así que la primacía de la crítica como crítica estética es ejemplar para el conjunto de la ciencia, puesto que toda cien­cia posee esa dimensión críti­ca estética y moral sin la cual no se justifica su función en la sociedad.